“La ayuda de Save the Children le sirve mucho a mi hija para que se sienta bien”

Viernes 6 Julio 2018

Yeimmy tiene 23 años, y comparte el rostro de mejillas rosadas con su hija, Mariela, que la acompaña a su lado. Cuando era muy joven tuvo que abandonar Arauca para irse a Ciudad Bolívar en Venezuela, cerca de la frontera con Brasil. “Estuve viviendo 12 años allá. Al principio fue bastante duro, porque no teníamos casa y a veces nos tocaba aguantar hambre. Ya después mi papá consiguió un señor que era evangélico y le ayudó a conseguir un terreno”, cuenta.

7 de cada 10 personas que llegan a Colombia de Venezuela son de origen colombiano. Yeimmy es una de ellas y, pese a su escasa edad, ya vivió las dificultades de dos emigraciones para salir adelante con sus 3 hijas. “Me fui de la casa porque mi padrastro me mantenía prisionera, y abusaba de mí y me fui con un muchacho que conocí. Después conocí al papá de mis hijos, pero entonces fue peor la vida que llevaba porque él me golpeaba”, relata con mirada triste.

Un día consiguió huir con sus hijas y hace 5 años que volvió a casa de su mamá. Al principio logró trabajo en varios lugares, pero la situación se complicó cuando más población venezolana comenzó a llegar. “Mi gran problema acá es que no encuentro trabajo ni un lugar seguro para darle a mi hija. Uno tiene que estar rodando para allá, acá. Ya llevo casi 6 meses buscando trabajo y nada. Aquí no se consigue trabajo y hay mucha gente así”, dice.

Pero su rostro se ilumina cuando habla de lo que tiene entre manos durante estos meses. “Hace 4 meses que hice un taller de porcelanosa sencillo del SENA, para aprender a hacer fruteros, vacas, muñecas de las tortas, para colgar en la pared”, comenta. Gracias a esta diversión consigue olvidarse de la realidad y centrarse en lo que más le gusta dibujar: “Me distrae mucho, eleva mi mente porque la concentra en lo que estoy haciendo y casi todas las muchachas del curso dicen que se sienten bien con porque es algo que totalmente despejan su mente.”

Poco a poco está consiguiendo lograr que esta afición le vaya dando sus beneficios y hasta tiene sus propias alumnas. “El último encargo lo vendí por 60 mil. A alguna gente les gusta lo que hago y dicen que me encargarán más cosas. Me gusta mucho y quiero montar un negocio. También tengo un par de alumnas del curso en mi casa, ellas van a mi casa a aprender lo que yo les enseño”, dice con orgullo.

Yeimmy también cuenta las dificultades que tuvo para escolarizar a su hija. Pese a que consiguió que una escuela la recibiera le dijeron que “como era venezolana no le daban el diploma del grado”. Y agradece la labor de Save the Children: “Me gustan los kits que entregaron porque es una ayuda para ellos…Cuando yo empecé a organizarle a ella lo de la escuela no tenía ni un peso para un lápiz, un cuaderno, el uniforme. La ayuda de Save the Children le sirve mucho para que mi hija se sienta bien”.

Mira a la fachada de enfrente mientras que su voz casi se entrecorta cuando comenta: “Yo no sueño antes de acostarme, pero sí que todos los días pienso en grande por mi hija. Quiero un lugar estable donde pueda tener a mis hijos, un trabajo y darle un nuevo futuro, sacarlos adelante y darles todo lo que no pudieron tener por yo estar de acá para allá.”

Save the Children está desarrollando el proyecto, “La crisis migratoria de Venezuela y su impacto en la niñez en Colombia”, para atender niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad procedente de Venezuela. En el marco de esta acción, entregamos kits escolares a niños y niñas para que, como la hija de Yeimmy, tenga materiales y pueda seguir yendo a la escuela.

*Los nombres fueron sustituidos para mantener la privacidad de las personas entrevistadas.

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