“Lo que más echo de menos de ser niño es todo”

La crisis migratoria de Venezuela afecta a niños, niñas y adolescentes que llegan solos a rebuscarse la vida cada día desde el vecino país
Viernes 24 Agosto 2018

En Paraguachón (La Guajira), cerca del puesto fronterizo con Venezuela, Jaime, de 17 años, conversa con otro grupo de chicos de su edad. Algunos llevan bandejas, otros neveras y alguna pequeña lonchera. No se parecen mucho entre sí, pero hay una cosa que les une: esta mañana cruzaron solos la frontera para rebuscarse el sustento en Colombia y llevar algo de vuelta a sus casas al final del día. “Caminamos todo el día vendiendo agua y buscando plata pero lo más duro de esta vida es que no da tiempo para nada, antes los papás trabajaban para que uno pudiera estudiar y ya no se puede hacer eso,” sentencia.

Jaime es uno de los cientos de adolescentes que llegan solos cada día a este lado de la frontera para vender arepas, maíz, agua,…y esquivar por una jornada más la escasez que vive su país. Se desconoce una cifra exacta de cuántos pueden estar en su misma situación pero es necesario poner atención a esta generación de niños, niñas y adolescentes a la que se le está robando su derecho a ser niño. Hace dos años, sus padres ya no podían mantener a sus cinco hermanos y Jaime dejó la escuela para ayudar en casa: “Uno como hijo también debería aportar un granito de arena, ya que allá el dinero no vale nada”. Pero desde hace algún tiempo, ganar ese “granito” se está haciendo muy difícil, aún estando en Colombia: “La vida antes era más fácil, nosotros salíamos a vender arepas a las 5 de la mañana y volvíamos a las 10 de la mañana, además de que nos rendía el dinero. Ahora uno pasa todo el día vendiendo y apenas puedes comer una vez al día”.

Cuando aún esta oscuro, Jaime se despierta, sale de casa a las 4 de la mañana, y llega cuatro horas más tras atravesar caminos que no aparecen ni en los mapas, y exponiéndose a violencias por parte de los grupos que se dedican a usar estas vías para el narcotráfico. “A veces también vamos en camiones o buses, hasta con 40 personas más. Todos nosotros venimos a lo mismo: rebuscarnos la vida”, comenta.

Los ojos de Jaime van cambiando de dirección cada vez más rápido cuando escucha la palabra futuro. “La verdad yo no me imagino el futuro, solo llego tan cansado todos los días que no da tiempo ni de pensar. Me hubiera gustado seguir estudiando y ser parte del ejército, pero con todas estas injusticias me tocó trabajar”. Su rostro serio se vuelve aún más inmutable en este momento. De repente, dice una frase que encierra una rabia contenida, como queriendo que su reclamo atravesara todas las fronteras, como la que está a sus espaldas: “Lo que más echo de menos de ser niño es todo…quiero ser niño otra vez.”

Save the Children está respondiendo a la crisis de Venezuela trabajando por los derechos de protección, educación y acceso al agua de cientos de miles de niños, niñas y adolescentes, y sus familias procedentes de Venezuela.

*Los nombres fueron sustituidos para mantener la privacidad de las personas entrevistadas.

Puedes cambiar la vida de un niño o niña

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