“No había trabajo, y cuando lo había, el sueldo no alcanzaba para comprar comida”

Lunes 30 Abril 2018

Francelina tiene 37 años y hace 3 que volvió a Colombia por la escasez de alimentos, medicina que vive Venezuela. “Nací en Colombia, pero viví por 20 años en Venezuela, me casé a los 15 años y desde ese momento me fui con mis padres a Venezuela porque la guerrilla nos hizo emigrar.” 7 de cada 10 personas procedentes de Venezuela son, como Francelina, de origen colombiano.

La salida de Colombia fue difícil: “Mi papá nos sacó en una volqueta, la guerrilla iba y destinaba 3 ó 4 muchachas para llevárselas y ya nos habían matado a un tío. Vivíamos en Arboleda, Norte de Santander y nos vimos obligados a dejar todo.” Pero en Venezuela también fue donde encontró al amor de su vida: “Conocí a mi esposo en Venezuela, es costeño, tiene 50 años. Es un hombre que me respeta y busca que siempre haya comida en la casa”, cuenta Francelina.

Ya en Venezuela, cuenta, también fue duro rebuscarse el sustento de cada día. “Trabajaba en fincas, para los obreros y los jornaleros, los atendía y les cocinaba, mi esposo era como el encargado general de la finca y con lo que ganábamos lográbamos sacar nuestros hijos adelante. Primero vivimos en el Zulia, luego en el estado Táchira, luego en Barinas y después en el estado Apure. Normalmente los patrones hacían que nos moviéramos pues los trabajos no eran de fácil alcance”.

En el 2002, Francelina logró los tan ansiados documentos legales para poder volver a Arauca debido a que la situación empeoró. “Lo que hizo que nos devolviéramos a Colombia, además de la situación, es que no había trabajo y si había trabajo, el sueldo no alcanzaba para comprar comida.” Y aunque ganarse la vida en Colombia tampoco es fácil, nunca pierde la esperanza: “El cambio ha sido fuerte, en Venezuela tenía una casa y posteriormente una parcela de 8 hectáreas, ofrecimos todo en venta, pero no nos han pagado y no creo que nos paguen ya que soy extranjera. Aquí seguimos trabajando en finca, vivimos en la casa de mi hijo. El trabajo no es fijo, hago lo que salga, lo que se pueda hacer sin salirse de la legalidad.”

Su hija, Tatiana de 4 años, es una de las habituales en la carpa que Save the Children instaló en la comunidad: “Juega en la carpa y comparte con los amigos, le gusta pintar. Lo que más le gusta hacer es pintar y estar acostada”, cuenta su madre.

Save the Children está desarrollando el proyecto, “La crisis migratoria de Venezuela y su impacto en la niñez en Colombia”, para atender niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad procedente de Venezuela. En el marco de esta acción, instalamos un espacio educativo infantil donde niñas como Tatiana, pueden jugar y volver a sentirse como niños.

 

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