“Vendimos todo y nos vinimos a la buena de mi Dios"

Miércoles 6 Noviembre 2019

Un parto a la luz de las velas y a la entrada de un hospital que no contaba con condiciones sanitarias, así fue como Leonardo y Jennarith le dieron la bienvenida a su hija en medio de la crisis migratoria de su país: Venezuela. Problemas de salud y falta de atención para ella, lo obligó a él y su esposa dejar aquel país y cruzar la frontera para llegar a Maicao (Colombia). Él de 30 y ella de 23 han emprendido la lucha de caminar por trocha con una bebé en brazos, un niño de tres años y los sueños de una casa propia sobre los hombros, con el deseo interno de retornar algún día a su nación.

La historia de Leonardo Antonio en sus propias palabras

“Sin agua, luz, gasas, alcohol, ni guantes. Llegar al mundo así es horrible, pero así nació mi hija. Un doctor venezolano y uno cubano fueron quienes le brindaron atención a mi esposa en un hospital que perdía hasta el nombre por la crisis económica de mi país. En la puerta del centro médico mi esposa fue operada en medio del reflejo de las velas, mientras a la bebé le revisaban con gotas, al tantazo, que no le hubiese caído liquido amniotico en los ojos”, con ese recuerdo, y lo comprometida que se vio la vida de su hija en cuanto a corazón y respiración en el parto, Leonardo retoma su historia y el porqué se convirtió en migrante.

Atrás quedó su vida en Yaracuy siendo guardia de seguridad, para pasar por una trocha y tocar puertas en un país vecino que le era desconocido y que desde hace un año lo acogió a él y su familia en Maicao, La Guajira.

“Antes de la crisis, la vida era muy buena en Venezuela. Uno podía comprar cualquier cosa, lo que se quisiera. El sueldo daba para sobrevivir y más. Pero, ya no. Ahora todo es distinto y la situación nos obligó a irnos en busca de otro estilo de vida. El trabajar como escolta no fue suficiente, pase a cuidar una finca pero el pago tampoco alcanzaba para cubrir las necesidades básicas. Para ese entonces, ya teníamos a mi hijo mayor, quien veía cómo sembrábamos en la finca y eso mismo comíamos. Tiempo después mi esposa quedó embarazada de la niña, cuando nació le detectaron un problema respiratorio y de corazón, y por más que la llevaramos a los hospitales no había atención suficiente”, cuenta Leonardo.

Aunque el denotante de dejar su país fue a razón de la crisis económica, lo comprometida que se veía la salud de su hija debido a la falta de atención llevó a Leonardo y a Jennarith a no mirar atrás cuando inició su migración. “La niña se nos ahogó, no podía respitar porque en sus pulmones había mucha flema acumulada. Se nos puso morada, en el ambulatorio no le prestaron mayor atención porque no había ni un médico a la mano. Para ese entonces no se conseguí abosolutamente nada, ni si quiera el medicamento más mínimo. Además, no habia comida. Si desayunábamos no almorzábamos y menos cenábamos. Nuestra dieta incluía plátano guineo o papa sancochada, mientras el niño, que para ese entonces tenía dos años, lloraba de hambre”, agrega Leonardo.

Vendiendo lo mucho y poco que tenían. Desde la cama hasta el televisor, lo que por tanto tiempo les tomó sacrificio conseguir, Leonardo y Jennarith emprendieron el camino de llegar a Colombia en compañía de sus hijos. “Vendimos todo y nos vinimos a la buena de mi Dios, confiando en que todo saliera bien. Conseguimos llegar a Maicao el 5 de julio de 2018 sobre las 6:00 de la mañana pidiendo “cola” en los buses”, recuerdan.

A su llegada, una iglesia de Maicao, les abrió las puertas con apoyo y estadía, en donde días después le fue posible conseguir el Permiso Especial de Permanencia (PEP), emitido por las autoridades migratorias colombianas, para su asilo en Colombia.

“Como vieron que la bebé estaba muy pequeña y que requiere de atención médica pudimos ser censados y acceder al sistema de salud. De ahí conocimos a un señor que, sin conocernos, nos llevó a vivir a su ranchito. Era una casa de barro, y ahí dormía mi esposa con la niña y yo dormía afuera en unos muebles viejos de vehículos en compañía del niño. De allí fuimos trabajando, empece a vender arroz, harina en la calle con una carreta, después vendí panes en un palo al hombro y caminaba todo Maicao para conseguir algo de dinero y así fui progresando, poco a poco. El dinero que me dio Save the Children lo invertí en agua para vender en la iglesia. A día de hoy, ahí vamos sobreviviendo”, cuenta.

La meta de comprar casa propia y que Jennarith continuara sus estudios en la Universidad, quedaron en Venezuela. Ahora, su motivación en Colombia es poder trabajar. “Todo lo que quería para mi vida fue quedando atrás, y para la de mi esposa también. Esto es muy duro y aún más porque muy pocas veces podemos comunicarnos con nuestras familias, a veces no sabemos de ellos nada por mucho tiempo”, manifiesta.

Hablar de Venezuela y de todo lo que dejaron atrás es un tema sensible para Leonardo y Jennarith, los dos se sonríen recordando y se miran con añoranza de los tiempos en donde la crisis social y económica no había tocado a su puerta.

“Lo que mas extraño de Venezuela es a mi abuela, que es como mi madre. Ha estado muy enferma y eso me pone a pensar en muchas cosas, además de la frustración de no poderlos ayudar. Hace unas semanas me pegó una crisis de irme para allá porque es difícil. Es difícil estar aquí y los familiares allá”, expresa Leonardo.

Sobre el regresar a Venezuela, Leonardo y Jennarith reconocen que cada vez las posibilidades son menos y aunque él declara que no lo haría por sus niños, su esposa expresa que sí es un gran deseo volver, mientras sus ojos se llenan de lágrimas.

“En la comida hacemos de tripa corazón, pero estamos vendiendo agua en la iglesia y con eso vamos comprando la comida. Save the children nos han ayudado mucho, el apoyo es inmenso. Hay que esperar con que nos sorprende la vida”, concluye Leonardo.

Contexto

Maicao es un municipio colombiano ubicado en el centro-este del departamento de La Guajira, debido a su punto estratégico por muchos años ha sido un puente entre Venezuela y Colombia, y una puerta hacia el intercambio comercial y cultural.

Es conocida con el apelativo «Vitrina Comercial de Colombia» a razón de la prosperidad económica que experimentó en la década de 1980, al establecer un amplio mercado abastecido por productos importados de Venezuela. También de poseer una diversidad demográfica constituida por habitantes de los pueblos indígenas Wayuú y Zenú; y además de aglutinar una gran colonia de musulmanes procedentes de Oriente Medio, en su mayoría libaneses.

Sin embargo, desde 2010, empezó la migración más fuerte desde la crisis en el vecino país. Según el estudio de Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento/Banco Mundial, Migración desde Venezuela a Colombia: impactos y estrategia de respuesta en el corto y mediano plazo, Colombia enfrenta un movimiento migratorio sin precedentes, motivado principalmente por la crisis económica, política y social que atraviesa Venezuela. Históricamente, Colombia ha sido un país con altos niveles de emigración, siendo Venezuela uno de los principales destinos migratorios de colombianos.

Aproximadamente 1.235.593 personas con intención de permanecia han ingresado a Colombia desde Venezuela, incluyendo colombianos retornados y migrantes regulares e irregulares, además de número importante de migrantes pendulares y en tránsito hacia otros países. Se estima que para septiembre de 2018 habrían retornado más de 300 mil colombianos desde Venezuela, unos 468.428 venezolanos estarían con un estatus migratorio regular en el país, mientras que 361.399 estarían en proceso de regularizar su estadía.

Desde Save the Children Colombia, contamos con la atención a emergencia en la gestión de casos que busca brindar unaatención individual en prevención y atención a riesgos psicosociales y riesgos de desprotección para niños y niñas que estan en condición de migrantes desde febrero de 2019 con enfoques en salud, violencia, abuso fisico, verbal y emocional.

Información del proyecto

El componente de Gestión de Casos, busca una atención integral para los niños y niñas que se encuentran en riesgo de vulneración de sus derechos y que pueden ser o estra siendo víctimas de algún tipo de violencia o estar expuestos a riesgos psicosociales y riesgos de desprotección.

La situación de migración de los cientos de niños y niñas venezolanos y colombianos retornados hace que los factores de riesgos sobretodo en violencia sexual y trata de personas aumenten. La intervención de Save the Children tiene un enfoque integral que pretende mejorar la situación actual del niño, la niña y su familia con el fin de protegerlos de cualquier daño. Luego de que un profesional de Gestión de Casos visita a la familia focalizada, se realiza una activación de ruta o de varias de acuerdo a las necesidades y a los riesgos a los que esté expuesto el niño o niña.

Trabajamos aunadamente con organizaciones de atención humanitaria y entidades del Estado para asegurar que la atención es completa y que los niños y niñas están protegidos.

Puedes cambiar la vida de un niño o niña

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