Angely integrante del cabildo Inga Musurunakuna también hace parte de los Espacios Amigables

Viernes 14 Julio 2017

Las comunidades indígenas conservan su orgullo, tienen arraigados una serie de valores arraigados que los hacen sentir orgullosos de donde vienen. Este es el caso de Angely, una adolescente de 16 años que tiene muy claro el valor de la familia Inga Musurunakuna. Miembro del Espacio Amigable que Save the Children inauguró, se siente muy feliz y orgullosa de ver hasta dónde ha llegado su comunidad desde la tragedia de Mocoa.

Haciendo alusión a la escasa ayuda que ha recibido por parte del gobierno, Angely está convencida de que podrán adquirir el territorio ASOMI en el que se encuentran albergados, y con una gran sonrisa nos cuenta cómo ha sido toda esta experiencia para ella.

Angely es una integrante del cabildo Inga Musurunakuna y a lo largo de esta entrevista no esconde su orgullo por hacer parte de esta organización.

“Ser parte de un resguardo indígena me genera un gran orgullo. Los demás pueden creer que ser indígena es lo peor y es como ser el tontico de los grupos, pero mis ancestros me han enseñado que ser indígena significa tener carácter, sabiduría y saber pensar las cosas para después actuar”.

Tener que trasladarse a un lugar completamente nuevo después de la avalancha ha sido una experiencia muy retadora para todo el cabildo.

“Haber perdido las cosas materiales es muy difícil, porque primero el cabildo siempre se ha esforzado por sacar las cosas adelante. Todos los niños, jóvenes y adultos nos sacrificamos mucho por esto y estábamos muy felices de poder progresar en este lugar. De repente la avalancha se nos llevó todo, y quedamos como ¿ahora qué hacemos? Entonces es muy duro todo. Pero nos hemos levantado demasiado rápido”

Sin embargo, llena de esperanza por tener aún a su familia del cabildo nos argumenta que todos son una sola familia, pero divididas.

“Yo vivo con el cabildo, somos 22 familias y 100 personas. No ha sido nada fácil comenzar a vivir en SOMI después de la tragedia, porque nosotros en San Antonio hacíamos nuestros cultivos, nuestras artesanías, y nuestras medicinas tradicionales y hacíamos nuestra fiesta (carnaval)de costumbre. Después de lo que pasó fuimos a SOMI fue muy difícil porque llegar fue un cambio bastante brusco, allá estábamos ya acostumbrados a lo nuestro, y llegar a un lugar que no es nuestro, que no es propio, que sabemos que nos toca tener más cuidado es una experiencia dura”.

Ya que dependen de ayudas brindadas por el gobierno que aún no llegan, confían que alguna organización pueda colaborarles en la compra de un lugar propio porque ya se han acostumbrado a vivir en SOMI.

“Todas las noches hacemos reuniones en las cuales se nos informa de las actividades vamos a hacer, y si nos gusta este lugar. Esperamos poder comprar estas tierras y que el gobierno nos ayude, ya que fuimos el único cabildo que perdió su territorio y nos gustaría que nos reubiquen aquí. Amamos este lugar porque ya estamos acostumbrados y hemos aprendido muchas cosas nuevas.

Es un lugar seguro para los niños porque está lejos del río, en una loma. El gobierno nunca nos escuchó para darnos el territorio anterior, sino que fue una entidad quien nos lo dio, y el gobierno solo nos dijo que estábamos en una zona de riesgo. Entonces, ¿Si sabían que estábamos en riesgo por qué no eran capaces al menos de reubicarnos? No puedo creer que haya pasado esto para que miraran qué hacer”.

Con respecto a los espacios amigables, Angely nos contó:

“Antes nos las pasábamos encerrados en la casa, hasta que llegó Save the Children y fue muchísimo más fácil porque lograron que poco a poco fuéramos olvidando lo que pasó. Fueron sacándoles sonrisas a los niños y ha sido muy lindo".

Los espacios amigables me gustan mucho porque tal vez hemos aprendido cosas que antes no sabíamos por ejemplo si nos pasa algo podemos acudir a entidades como el ICBF o la policía de infancia y adolescencia. El proyecto es divertido porque no solo se basa en lo temático, sino que se hacen actividades para que los niños no se aburran, entonces es bueno porque llama la atención de los niños. ASOMI fue un aliento y nos dio la esperanza, por eso estoy muy agradecida”.

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