"El destino fue lo que me trajo aquí para hacer arte"

Viernes 20 Diciembre 2019

“El destino fue lo que me trajo aquí para hacer arte”. Con esa frase Ingrid resume cómo fue su llegada a el proyecto de “Empleabilidad de jóvenes para un futuro mejor”, de Save the Children Colombia en la ciudad de Cali, y que a día es un impulso para ella en la continuación de sus estudios en servicio al cliente, mesa y bar. A sus 23 años, Ingrid habla con orgullo de los logros académicos que ha alcanzado, pese a las dificultades que le ha generado el conflicto armado, desplazamiento y embarazo a corta edad. Madre, hija, estudiante y trabajadora, así se define ella.

La historia de Ingrid en sus propias palabras:

206 kilómetros fue la distancia que, a pie, en chalupa y bus tuvo que cruzar Ingrid, con su familia, a la edad de seis años, dejando atrás El Charco (Nariño) para crear una nueva vida en Cali (Valle del Cauca). El asesinato de su tío en la puerta de la casa y el acecho de grupos armados, fue lo que la llevó a que su madre migrara al interior del país con tal de salvaguardar la vida de sus hijos. “Somos desplazados. Tuvimos que dejar la costa por la violencia que se vivía en ese territorio. Al salir de allá era una niña, no entendía muy bien lo que pasaba y no quería tampoco entenderlo porque extrañaba mi casa, ese calor de hogar y estabilidad que en Cali perdimos. Llegar a una ciudad distinta me hizo ver lo diferente que puedo ser y las necesidades que abundan en el mundo. Si mi mamá no nos hubiera sacado de allá, no estaríamos contando el cuento”, aún con pesadumbre, comenta Ingrid con sonrisa tímida y tono de voz bajo.

“El desplazamiento fue duro, cuando uno no está adaptado a un lugar es muy complicado vivir. Pese al conflicto nos sentíamos libres. Era una libertad falsa, pero que uno cuando es niño no la ve de esa manera, sino que solo quiere seguir corriendo de un lado a otro, tirarse al mar y no cohibirse”, agrega Ingrid, quien hace poco menos de un mes se graduó como bachiller, uno de sus logros más grandes hasta el momento.

“Hace poco me gradué de bachillerato, para mí eso fue un sueño. El día que pasé por el diploma no lo podía creer, me dio mucha nostalgia al ver que por fin lo pude lograr, después de tantos años”, cuenta con una voz más emocionada que contagia de orgullo a quien la escucha. Ingrid vive en Cali con su hijo de ocho años, a quien decidió llamar Jhon Ángel desde el primer momento en el que supo estaba en embarazo, porque desde su significado, según nos cuenta, llegó para cambiarle la vida. “Estudio día a día para ser mejor persona y ofrecerle un buen futuro a mi Ángel. Aunque fui madre adolescente, siempre he afrontado mi maternidad con responsabilidad y amor. Ahora, me estoy capacitando en el curso de servicio al cliente, mesa y bar. Me encanta asistir a las clases porque aprendemos a tratar bien a las personas, tengo más conocimiento de la vida y me construyó para un empleo a futuro”, comenta. Pese a que el embarazo la sorprendió, el “golpe bajo”, como se diría tradicionalmente, fue el no poder seguir estudiando ya que los malestares de su estado fueron tomando protagonismo, hasta que dejó de lado el colegio para dedicarse a su niño.

“Me dolió mucho no haber podido seguir estudiando cuando quedé en embarazo. No sé por qué, pero durante ese tiempo me invadía el sueño y me quedaba dormida en cualquier lado o haciendo cualquier actividad. Eso fue motivo de que mis calificaciones bajaran y los docentes del colegio dejaran de verme con buena cara”, recuerda. Del padre de Ángel poco habla. La ausencia de su pareja es notoria cuando sus palabras solo la mencionan a ella y su hijo. La razón de ello no fue la irresponsabilidad de la paternidad, sino una vida cobrada a manos del conflicto. “Empecé el noviazgo con 14 años y él 16, pero luego de la noticia del embarazo mi familia se volvió desconfiada, y yo me recalcaba que me había dejado llevar sin escuchar los consejos y más aún cuando ocurrió su asesinato”. Voz entrecortada y una pena viva aún, después de cinco años, rompe con la alegría que minutos anteriores mostraba al hablar de su vida y la de su hijo. Una discusión después de una fiesta y un arma de fuego fueron las causantes de alejar a Jhon Alex de la vida de Ingrid y dejar huérfano de padre a Ángel.

“A él lo mataron hace cinco años, mi niño tenía tres años cuando lo dejaron sin papá. En ese tiempo yo no vivía con él, pero lo amaba y recordar eso me da tristeza. Él fue mi primer amor y mi niño es la combinación perfecta de los dos, pero los recuerdos de su padre solo están en las fotos. A mi hijo, de su papá le cuento lo que compartía con él, lo confronto y le digo que su padre ya no está, que está en el cielo, y que él lo cuida. Es muy difícil cuando Ángel me dice que lo quiere conocer, y debo darle la respuesta de que eso no es posible porque ya no está. Hay que asumir la historia de nuestra vida”, relata. Tras esta perdida y por cuestiones del destino, según recuerda esta joven, fue como llegó a conocer a Save the Children y el proyecto “Empleabilidad de jóvenes para un futuro mejor”, intentando ingresar a él no una vez, sino dos.

“Un primo vino corriendo a mi casa a hablarme de la convocatoria que estaba haciendo Save the Children sobre el proyecto, pero en esa ocasión no alcancé a llegar. Quedé triste porque realmente yo quería estudiar, luego pasó un tiempo y mi hermana escuchó que nuevamente estaban haciendo el llamado a la comunidad y ella se inscribió, luego me ayudó a mí. Después del primer día, decidí quedarme a todo el proceso”, recuerda. Aunque ahora está “enamorada” del servicio al cliente, mesa y bar, años anteriores esa profesión no pasaba por su pensamiento, sino el sueño presente de ser manicurista u odontóloga. “Cuando estaba en el colegio soñaba con estudiar otras cosas con relación a la belleza, pero terminé en servicio al cliente y aunque no es directamente lo que quería para mi vida veo que me impulsa y está relacionado: ambas son arte”, comenta.

Una vez fuera del salón donde toma el curso de empleabilidad, Ingrid pasa la tarde entre los juegos y tareas de su hijo y el trabajo que le llega a domicilio como manicurista. “Me gusta decorar las uñas de la mano con colores fuertes, vibrantes, que resalten la belleza de las mujeres, porque todas debemos brillar y gracias al apoyo de Save the Children he comprendido eso y busco que mis clientas también se vean de esa forma”. Su meta, según exalta Ingrid, es darle una mejor calidad de vida a su hijo en donde el estudio siempre esté a su alcance y los valores lo alejen de las situaciones que ella debió pasar. “No quiero que mi hijo viva lo que yo viví, ni que salga corriendo dejando su tierra porque gente mala lo quiere atacar. Siempre quiero que él viva en un ambiente feliz y en paz siguiendo sus sueños”, apunta. Cursando segundo de primaria, Ángel le enseña a Ingrid sobre las matemáticas y ella sobre la escritura, algo que a él poco le gusta. “Mi niño quiere ser doctor, sueña con eso. Yo le digo que hay que estudiar, que uno tiene que aprender para poder conseguir las cosas, que estudie y trabaje para que llegué a ser un gran médico y me atienda a mí”, dice.

Terminando el 2019, el anhelo más cercano para Ingrid es reencontrase con su mamá para su cumpleaños y es que 832 kilómetros son las que las mantiene alejadas, ya que una está en Colombia y la otra en Ecuador trabajando en restaurantes, oficio que la joven de 23 años busca perfeccionar con lo aprendido en el proyecto de empleabilidad. “Deseo ver a mi mamá en mi cumpleaños, sería el mejor regalo. Siempre que hablamos por teléfono busco enseñarle lo que aprendo en servicio al cliente, mesa y bar. Le cuento todo, y ella a mí. Sobre mi padre no hay mucho que contar, él siempre se ha mantenido alejado y hoy pinta muy poco en mi vida”. Con capítulos de su historia contados, Ingrid espera continuar haciendo parte de los proyectos de Save the Children y seguir la línea de aprendizaje, pero también desea que muchos jóvenes accedan a ellos para que la esperanza no los abandone.

Contexto e información del proyecto:

Cali es la capital del departamento del Valle del Cauca y es la tercera ciudad más poblada de Colombia. Se ubica en la región sur del Valle del Cauca, entre las cordilleras occidental y central de la región andina. La ciudad forma parte del área metropolitana de Cali, junto con los municipios adyacentes. La ciudad es uno de los principales centros económicos e industriales de Colombia, además de ser el principal centro urbano, cultural, económico, industrial y agrícola del suroeste del país y el tercero a nivel nacional después de Bogotá y Medellín. Sobre el proyecto Empleabilidad de jóvenes para un futuro mejor, se busca dar a los adolescentes y jóvenes (hombres y mujeres) con escasos recursos económicos la posibilidad de encontrar actividades económicas decentes, seguras y legales a través del empoderamiento económico, el fortalecimiento de sus habilidades personales y técnicas y la creación de alianzas con el sector empresarial (empresas productivas/servicios y comercio).

 

 

 

 

 

 

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