Etnoeducación, un reto por el respeto y reconocimiento de nuestra población

Jueves 6 Octubre 2016
  • La Etnoeducación es el conjunto de procesos comunitarios que fortalecen las dinámicas propias de una etnia, para conservar sus valores culturales y potencializar sus acciones autónomas integrales que garanticen su supervivencia como pueblo ancestral.
  • El 86% de los pueblos étnicos no tiene acceso a una educación pertinente a su cultura, su contexto y su cosmovisión.
  • En Save the Children Colombia, a través de nuestra estrategia de Etnoeducación en el marco del proyecto Vive la Educación, buscamos cimentar la política étnica a través de la construcción participativa, en el marco del reconocimiento de los sistemas educativos propios, comunitarios e interculturales.

 Bogotá D.C.; Octubre 6 de 2016. En Colombia se establece que la educación dirigida a los grupos étnicos es la que se ofrece a comunidades que integran la nacionalidad y que poseen una cultura, una lengua, unas tradiciones y unos fueros propios y autóctonos.  Esta educación, según la Ley 115 de 1994, debe estar ligada al ambiente, al proceso productivo, social y cultural, con el debido respeto de sus creencias y tradiciones. Sin embargo, a pesar de lo estipulado en el marco jurídico, la cifra presentada por el Ministerio de Educación Nacional revela que el 86% de los pueblos étnicos no tienen acceso a una educación pertinente a su cultura, su contexto y su cosmovisión.[1]

 “Esta situación demuestra que la Etnoeducación en Colombia tiene el reto de garantizarle a los niños, niñas y adolescentes indígenas y de otros grupos étnicos, una educación que respete, rescate y promueva su propia identidad cultural, su idioma y los valores de su nacionalidad”, afirmó María Paula Martínez, Directora Ejecutiva de Save the Children Colombia.

 Se estima que en el país hay más de cinco millones de personas pertenecientes a un grupo étnico que representan el 13.7 por ciento de la población colombiana, de acuerdo con el censo de población del 2005 del Departamento Nacional de Estadística (DANE). El 10 por ciento de estas personas es afrocolombiano, el 4 por ciento indígena y menos del 1 por ciento gitano/rom, palenquero de San Basilio o raizal del archipiélago de San Andrés y Providencia.

 En la población indígena se ha identificado que el 40 por ciento de ellos son niños, niñas y adolescentes, y que el grupo de edad que presenta una mayor concentración de población es el que se ubica en el rango de entre 0 a 4 años, seguido por el grupo de 5 a 9 años. Actualmente, se reconocen 102 pueblos indígenas de los cuales, más del 50%, está en riesgo de desaparecer.

Etnias y acceso a la Educación

 Según información recopilada en el Censo de 2005, el 4.2 por ciento de población indígena tiene nivel preescolar, el 43.7 por ciento alcanza básica primaria, el 11.3 por ciento secundaria, el 8.1% por ciento educación media, el 2.7 por ciento educación superior o postgrado y un 30.1 por ciento no registra ámbito educativo alguno. De acuerdo con esta información un 32.14 por ciento de personas indígenas responde no saber leer y escribir[2].

 Por su parte, las cifras que arroja la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) del 2010 demuestran que en la zona rural es en donde más reside la población indígena, especialmente en las regiones de la Amazonía, Orinoquía, en el Litoral Pacífico, Cauca y Nariño sin litoral y en el Sur de Bolívar, Sucre y Córdoba. Las personas que habitan en estas regiones tienen los índices de riqueza más bajos, factor que puede asociarse con el menor número de asistencia a centros educativos como lo refleja este estudio: la asistencia escolar de la población de 6 seis a 15 años es menor en la zona rural y el ausentismo aumenta rápidamente con la edad. Entre las personas de 16 a 20 años, la asistencia baja al 56 por ciento y al 26 por ciento entre los 21 a 24 años.

  “Esta realidad se traduce en una cobertura educativa restringida con dificultades de acceso, de infraestructura, económicas y de distancia. Poca pertinencia de los proyectos educativos y una escasa flexibilidad del sistema escolar que impide el completo desarrollo de las comunidades según su idioma, usos y costumbres, comentó nuestra Directora.

Save the Children protege la educación de las personas víctimas del conflicto armado

 En el marco del proyecto Vive la Educación que desarrollamos con el financiamiento del Gobierno de Canadá (Global Affairs Canada), y con el apoyo del Consejo Noruego para Refugiados  en la estrategia de Etnoeducación buscamos proteger el derecho a una educación de calidad para la población vulnerable y afectada por el conflicto armado en el suroccidente de Colombia.  

Esta iniciativa retoma las experiencias educativas con el pueblo indígena Awá y el pueblo afrocolombiano de la costa pacífica nariñense, respetando sus usos y costumbres y apoyando los desarrollos obtenidos desde sus propias experiencias por medio de tres componentes:

  1.  Fortalecimiento organizativo con autoridades étnicas, acompañando la gestión educativa para la promoción del derecho a una educación propia y de calidad en las comunidades, generando capacidades de sostenibilidad y transferencia a las Secretarias de Educación Certificadas
  2. Fortalecimiento de habilidades culturales y artísticas, de niños, niñas y jóvenes desde proyectos Etnopedagógicos, que desarrolla en las instituciones educativas, creando escenarios que propicien prácticas de resignificación cultural, participación activa, sentido de pertenencia y relevo generacional.
  3. Desarrollo de habilidades con docentes para la resignificación del modelo educativo colombiano, desde la promoción de habilidades para crear currículos integrales interculturales, desarrollando técnicas de investigación y creación de material pedagógico que correspondan al contexto y la superación de barreras entre el sistema educativo nacional y las exigencias culturales propias.

El área de educación, le apostamos al desarrollo de procesos educativos incluyentes y con perspectiva étnica. Producto de esta experiencia, entendemos que la Etnoeducación  es el conjunto de procesos comunitarios que fortalecen las dinámicas propias de una etnia, para conservar sus valores culturales y potencializar sus acciones autónomas integrales que garanticen su supervivencia como pueblo ancestral.

 “Desde esta valoración, identificamos que gran parte de la sociedad colombiana aun no es consciente de los aportes multidimensionales de los pueblos étnicos en la construcción de nación y la estructuración del Estado. No obstante, existen reconocimientos legales otorgados desde la Constitución Política de 1991, pero estos resultan insuficientes, a tal punto, que la Corte Constitucional ha intervenido y mandatado desde el 2009, la atención especial y prioritaria a las comunidades indígenas y afrocolombianas con los autos 004 y 005 respectivamente. En ese sentido, la Etnoeducación se establece como uno de los grandes retos del Estado colombiano, quien además de certificar la calidad de estos procesos autónomos, debe centrarse en ofrecer mayores capacidades técnicas y económicas para un desarrollo armónico del modelo Etnoeducativo, que represente propuestas educativas del 200%, entendiendo la conjugación total de saberes universales y propios”, afirmó María Paula Martínez.

 Nuestros aportes a la Etnoeducación han impulsado la creación y puesta en marcha de políticas Etnoeducativas, la resignificación curricular en instituciones educativas, la atención especial a cátedras especializadas y la proyección en productividad para jóvenes pertenecientes a poblaciones étnicas, contando con el apoyo de Secretarias de Educación certificadas en Cauca y Nariño.

 En el marco del proyecto Vive la Educación, desde el componente de calidad, beneficiaremos al 2019 un total de 67.600 niños y niñas. Actualmente, trabajamos con una población directa de 13.872 niños y niñas, 1920 docentes y 1.591 padres o acudientes. De manera indirecta a marzo de 2016 contamos con 55.080 beneficiarios en total.

 Seis propuestas para fortalecer la Etnoeducación en Colombia

 Con motivo del Congreso Pedagógico Etnoeducativo, llevado a cabo en Tumaco en 2014,  en el cual se buscó visibilizar las experiencias pedagógicas que se vienen implementando en comunidades étnicas de Nariño y Cauca, resultaron 6 propuestas clave para una agenda Etnoeducadora en el país:

  1.  Articular Escuela – Territorio y Autoridades étnicas.
  2. Formación docente Etnoeducativa.
  3. Hacer pública las políticas públicas Etnoeducativas.
  4. Evaluar los procesos Etnoeducativos.
  5. Sensibilizar a las organizaciones étnicas y población mayoritaria.
  6. Desarrollar con el apoyo del Ministerio de Educación Nacional las políticas Etnoeducativas, de manera diferencial y contextualizada.
  7.  El desplazamiento forzado, un camino que conduce a la pérdida de identidad de las poblaciones étnicas

De acuerdo con el informe del 2015 del Centro de Memoria Histórica: Una Nación Desplazada, el Registro Único de Víctimas (RUV) manifiesta que el 87 por ciento de las personas desplazadas provienen de las zonas rurales. Nueve de cada diez han salido forzadamente del campo colombiano; situación que demuestra cómo el fenómeno del desplazamiento ha tenido un impacto cuantitativamente desproporcionado en la población rural, compuesta principalmente por campesinos, pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes.

El RUV revela que el número de personas desplazadas por etnias en edades comprendidas entre los 0 a los 17 años, durante el período 1985 a septiembre de 2016, es de 294.481 niños, niñas y adolescentes. Dentro de este ciclo vital el grupo étnico que más ha sufrido el desplazamiento es el de los negros-afrocolombianos con un total de 229.059 personas, que equivalen al 77.7 por ciento, seguido de los indígenas con 55.477 afectados (18.8 por ciento) y los gitanos – ROM con 8.081 (2.7 por ciento). En el cuarto y quinto lugar se encuentran los  Raizales (Archipiélago de San Andrés y Providencia) con 1602 personas afectadas (0.54 por ciento) y los Palenqueros con 262 desplazados (0.08 por ciento).

Según expresa el informe Una Nación Desplazada, en los corregimientos y veredas donde la expulsión de la población ha sido mayor, se ha producido una pérdida de más del 50% de su población. En estos territorios, los efectos de la marginalización son más críticos, en tanto no se trata solo de una pérdida cuantitativa, sino de la destrucción de los lazos comunitarios, la ruptura de las relaciones familiares o vecinales, la instalación del miedo y la desconfianza como formas de vida, así como también de la eliminación de organizaciones sociales y políticas, antes predominantes en territorios esencialmente rurales. Debido a este conjunto de situaciones derivadas del desplazamiento forzado; el arraigo y la recuperación de su cultura, usos, tradiciones y lengua, se han visto afectados.

“La primera vez que escuché unos ataques, estaba en casa de mi tía y me di cuenta en seguida que era una balacera, no sé por qué, pero lo sabía. Sentí mucho miedo. Me daba miedo porque pensaba que habría muertos. A mi abuela le subió mucho la presión. Nos fuimos toda la familia y casi toda la comunidad porque las balas nos pasaban por cerca. Estoy en 5° grado y desde que llegó Save the Children para enseñarnos a tocar y construir instrumentos me siento alegre,”afirmó Juan, niño de 11 años de la comunidad de Limones, afectada por el conflicto armado y ubicada en el municipio de Guapi – Cauca.

 A pesar de un panorama en el que la población perteneciente a las diferentes etnias de Colombia tiene un escaso acceso a la educación y más aún a una educación que tenga en cuenta los criterios de integralidad, interculturalidad, diversidad lingüística, participación comunitaria, flexibilidad y progresividad, buscamos cimentar la política étnica a través de la construcción participativa, en el marco del reconocimiento de los sistemas educativos propios, comunitarios e interculturales, con el fin de desarrollar procesos de equidad que ayuden  a las poblaciones a lograr un buen vivir.

 “Los niños y niñas pertenecientes a los grupos étnicos no sólo se han visto afectados por factores como el poco acceso a la educación y el aumento del ausentismo a medida que avanza su edad, el conflicto armado, los embarazos tempranos, el vivir en zonas rurales dispersas y un conjunto de problemáticas derivadas de las violencias generadas en el contexto social, cultural y familiar en el que viven, también han permeado su calidad de vida. Adicionalmente, factores como la exclusión social, la discriminación por raza, la desnutrición y la alta tasa de mortalidad son tan solo algunas de ellas,” aseguró nuestra Directora.

 “El arte rompe las líneas de la violencia”

 Francisco Tenorio, gestor cultural y docente de la escuela ITPC de Tumaco comentó que el proyecto que desarrollaron con Save the Children de recuperación de los instrumentos heredados de la cultura afrocolombiana, permitió que los estudiantes estuvieran tranquilos y sin peleas, porque el arte rompe las líneas de la violencia y según palabras de Francisco: “Estamos por encima de eso”.

 “A pesar de las acciones realizadas con el proyecto Vive la Educación, en donde la estrategia de Etnoeducación ha tenido en cuenta los imaginarios, sentires y creencias culturales de la población étnica con la que se trabaja,  la  tasa de analfabetismo es alta, al igual que sus necesidades básicas. En tal sentido, los retos por cumplir y asumir son muchos y muy importantes, enfocados al compromiso por la construcción de una Colombia en Paz, incluyente, respetuosa, promotora y defensora de sus tradiciones,” concluye la Directora de Save the Children Colombia.

 Lee Nuestra agenda etnoeducadora

Lee sobre nuestra participación en el Petronio Álvarez

Lee las historias de niños y niñas de Limones

1.         http://menweb.mineducacion.gov.co/seguimiento/estadisticas/                      

[2]

Recomendaciones para la garantía de Derechos de la Niñez Indígena en Colombia. Mesa de Seguimiento a la Situación de la Niñez Indígena en Colombia. ICBF. Diciembre 2012. Página 36. 

 

Niñas de La Guajira

Niño de La Guajira

Estudiantes camino de la escuela

 

Puedes cambiar la vida de un niño o niña

Suscríbete a nuestro boletín