Leonel, un niño afectado por el terremoto en Ecuador

Jueves 5 Mayo 2016

Leonel tiene cuatro años y vive en San José de Chamanga, una de las áreas más afectadas por el terremoto en Ecuador que ocurrió el pasado 16 de abril. Él está a punto de entrar en primer grado y está muy contento porque ya puede escribir su propio nombre.

Aunque su escuela no está totalmente destruida, está muy afectada por lo que tendrá que esperar al menos dos meses para empezar a estudiar.

Leonel no tiene hermanos y vive con sus abuelos, cuatro tíos, algunos primos y su madre. Esta, Carolina, es quien le cuida y se asegura de que reciba una educación. Su padre vive en otra ciudad y no tiene casi relación con él. Leonel es muy cercano a su madre y su abuelo, que es pescador y carpintero, oficios que no proveen con lo suficiente a su familia. 22 días antes del terremoto, Carolina empezó a trabajar como camarera en un hotel local, pero después del terremoto le dijeron que ya no necesitaban de sus servicios.

 La casa de Leonel y su familia está construida sobre una base para evitar que se inunde, hecho que suele ocurrir. No tienen agua potable o alcantarillado y la energía es irregular. Por esto, su abuelo construyó un refugio temporal en Chamanga, cubierto por plásticos para protegerse de la lluvia. Su familia está durmiendo ahí desde el terremoto, hasta que tengan un lugar seguro para vivir.

El día del terremoto, Leonel y su madre estaban solos en la casa. Ellos sintieron un pequeño temblor antes de que el terremoto golpeara. Mientras ocurría el terremoto, Leonel estaba abrazando a su abuela y no se atrevió a abrir los ojos mientras escuchaba el fuerte ruido. Cuando ellos estaban a punto de dejar la casa, vieron una nube de polvo y la casa de sus vecinos estaba totalmente destruida.

Leonel es un niño muy sociable y despierto, pero desde el día del terremoto él está muy asustado. Por el momento, su escuela no está funcionando y su abuelo le explica que están reconstruyendo su casa de madera para que puedan volver tan pronto como sea posible.

“Mi escuela está destruida, pero se va a arreglar. Me encanta ir a la escuela. Quiero ir a mis clases. Necesito ir a la escuela.”

ESPUESTA DE SAVE THE CHILDREN 

Hasta el momento, 660 personas han perdido la vida, 32 están desaparecidas y 22,421 están viviendo en albergues tras el devastador terremoto que sacudió Ecuador el pasado 16 de abril. Además, 560 escuelas están dañadas o destruidas, lo que afecta a 170,000 estudiantes. Gracias a las labores de rescate, 113 personas han sido rescatadas vivas. 

Save the Children está trabajando en las áreas de Muisne –Pueblo Nuevo y Chamanga- y Manabí, por ser los lugares más afectados. Las necesidades más importantes que sufre la población son refugio, agua y saneamiento, protección y educación en emergencias.

Por ello, la organización está apoyando a familias que requieren urgentemente refugio y elementos básicos como mantas, colchonetas, mosquiteras o plásticos. También se está distribuyendo ayuda para la construcción de viviendas seguras.

Debido a que las personas apenas tienen acceso a agua potable o alcantarillado, Save the Children está respondiendo en el sector de agua y saneamiento a través de capacitaciones, distribución de kits de higiene, habilitación de letrinas y sistemas de agua potable, lo cual beneficiará a 1000 familias, entre ellos 3000 niños y niñas.

Durante y después de las catástrofes, la niñez necesita más cuidado y cariño que nunca. La protección infantil es un elemento clave para la organización por lo se dará apoyo a 3000 niños y niñas a través de espacios protectores, apoyo psico-emcional y trabajo directo con padres y madres para prevenir la violencia contra la niñez.

Por último, Save the Children considera que garantizar el derecho a la educación en emergencias es esencial. Por ello, se está trabajando con el Ministerio de Educación ecuatoriano, para asegurar que las escuelas reabren sus puertas tan pronto como sea posible. Además, se están repartiendo kits escolares para niños y profesores, así como ayuda a las instituciones educativas dañadas, lo cual beneficiará a 2500 estudiantes.

Los desastres naturales no pueden evitarse. Sin embargo, sí se puede trabajar para lograr que tienen el menor impacto posible en la población y que la niñez está protegida y cuidada después de una crisis.


Leonel, mayo 2016


El barrio de Leonel, mayo 2016

 

 

 

 

 

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