Luisa, una adolescente venezolana que la crisis forzó a hacerse mayor antes de tiempo

Martes 18 Septiembre 2018

Luisa tiene apenas 15 años, y hasta hace 2 meses vivía en el estado de Trujillo, Venezuela. “Me tocó venirme para trabajar, ya que allá no puedo”. Lo dice como si fuera algo normal para una chica de su edad, como si la crisis que vive su país se hubiera llevado por delante la niñez que quedaba dentro de ella.

Con la alegría que la caracteriza, Luisa cuenta las diferentes razones que hicieron que a su corta edad decidiera emprender rumbo a Colombia: “La escasez de comida fue la principal razón para que me viniera a Colombia, tampoco hay trabajo y el tema del estudio es muy difícil porque casi no hay oportunidades para hacerlo.” Además, explica que los profesores se están yendo de Venezuela y el transporte para llegar al colegio es muy complicado. Ella lo sabe bien porque vivía lejos de la escuela y no podía ir por falta de recursos.

El viaje de su familia a Colombia fue escalonado: “Primero mi papá y mi hermana llegaron a Colombia, estuvieron aquí como dos meses”. Más tarde, ellos regresaron a por ella, su mamá y sus dos hermanitos. Tiene cuatro hermanos dos de ellos, menores que ella. Todos viven en dos cuartos de una residencia con baño y cocina comunal en Cúcuta.

Junto con su familia, Luisa sale cada día a la plaza de Cúcuta a vender tintos, mientras su papá vende agua y malta con su otro hermano. Se levantan temprano y suelen ganar unos 15 mil pesos, con los que pagan el arriendo y si les queda ayudan para la comida, cuando su papá tuvo una mala semana. Pese a todo, “más o menos todos los días tenemos las tres comidas”.

Luisa tiene asumido su papel en la familia, ni ella ni sus hermanos se plantean ir al colegio. Solo existe una cosa, hacer el suficiente dinero para lograr alimentar a su familia un día más: “Aquí no hay mucho tiempo porque trabajamos normalmente hasta las 8 de la noche, a esa hora nos vamos a comer y a hablar con mi mamá y mi papá, así que no hay tiempo de hacer nada”, explica.

Hasta ahora, comenta que el recibimiento de los colombianos ha sido bueno porque les “ayudan mucho” pero también dice que “hay otros que tienen un corazón muy duro y nos humillan mucho por el simple hecho de ser venezolanos”.

El recuerdo que más resuena en su mente es su familia: “Lo que más extraño de Venezuela es la familia que dejé allá; a mis primos, mis tíos y mi abuela”, comenta.

Luisa explica que no le gusta mucho hablar de quienes dejó atrás y su rostro por mí mismo lo deja bien claro. “No me gusta hablar de eso porque me pongo muy triste y me dan ganas de llorar porque los extraño mucho”, confiesa.

Mirando un poco más allá, pese a todo, tiene la esperanza de volver pronto a su casa: “Lo que más me da fuerza de levantarme cada mañana es la esperanza de que algún día salgamos de esta, volver a Venezuela y estar con mi familia otra vez, teniendo fe de que todo se arregle en mi país”, dice.

 

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