Magdalena, la cocinera solidaria con los niños migrantes de una escuela en Saravena

Magdalena tiene 34 años y trabaja como cocinera en una escuela de la zona rural de Saravena (Arauca).
Viernes 24 Agosto 2018

Magdalena* tiene 34 años y trabaja como cocinera en una escuela de la zona rural de Saravena (Arauca). “Yo nací en Colombia, pero mis hijos si son venezolanos. Salí de Colombia debido a la violencia cuando tenía como 26 años, debido al temor y también para buscar algo mejor, cambiar para una mejor vida”, cuenta. Como Magdalena, muchas personas también tuvieron que abandonar Arauca hace años por el miedo a la guerra. Ahora otro tipo de miedo, en forma de hambre, le obligó a regresar. 7 de cada 10 personas afectadas por la crisis de Venezuela son de origen colombiano.

En Venezuela, también trabajaba como cocinera, al principio se conseguían las cosas pero cuando empezó la crisis, lo que ganaba ya no le alcanzaba, cuenta. La falta de documentación venezolana fue un problema también ya que sin ella no podías comprar comida. “Así empezaron a discriminarme en Venezuela, pero siempre digo que no hay que discriminar a nadie porque no tenga su documento, todos somos iguales,” explica.

Los tres viven en un ranchito con su papá quien le cuida a la niña para poder trabajar. Magdalena tiene un empleo pero explica que es muy complicado hacer rendir la plata y a veces la convivencia con los colombianos. Confiesa que por ahora está siendo tranquila porque ella es colombiana “pero hay momentos en los que tiene uno que defenderse, pero sí he visto gente que le toca vivir cosas fuertes, luchar por su derecho a la salud, por ejemplo, es muy duro.” Pero Magdalena también tuvo dificultades para acceder a los servicios públicos. “Cuando llegué aquí con la bebé, el hospital no me quiso atender porque todos mis controles eran de Venezuela, que por ley tenía que ir a dar a luz allá, a menos que pagara yo con mi plata, y no tenía de dónde”, cuenta.

La situación en las escuelas también es complicada ya que muchas estaban atravesando una crisis económica propia a lo que se suma la llegada de población migrante. Magdalena explica que en la cocina de la escuela también lo están sufriendo ya que solo aquellos con documentación están recibiendo la alimentación escolar pero ella siempre procura que nadie se quede sin su ración: “Ellos se paran en la puerta cuando les da hambre. Y yo pienso que si comemos 20, comemos 100, así sea de granito en granito y aunque sea poquito, pero comemos todos”, dice.

Magdalena tiene claro porque sus vecinos están migrando: “En Venezuela tú vas y está solo, puedes ver la comida, pero es demasiado cara, y si uno tiene por ejemplo tres hijos, ya son cinco personas para alimentar y no se puede, por eso la gente prefiere cerrar las casas y venirse”.

“A mí me parece muy bueno los kits escolares que están trayendo, porque aquí hay personas que realmente no tienen con qué comprar un bolso. A mi hijo también le dieron uno y él también estudia con él. Cuando uno sufre, uno valora las cosas”, comenta. El hijo de Magdalena es uno de los que recibió un kit escolar que Save the Children entregó para facilitar el derecho a la educación de los niños y niñas afectados por la crisis de Venezuela.

Save the Children está respondiendo a la crisis de Venezuela trabajando por los derechos de protección, educación y acceso al agua de cientos de miles de niños, niñas y adolescentes, y sus familias procedentes de Venezuela.

*Los nombres fueron sustituidos para mantener la privacidad de las personas entrevistadas.

 

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