María nos cuenta con orgullo los logros del comedor comunitario

Miércoles 5 Septiembre 2018

“Las madres voluntarias no pedimos nada a cambio, nos conformamos con tan solo una sonrisa” María* dedica la mayor parte de su tiempo a los niños y niñas del Alto Nápoles, en las comunas de Cali. Ella es una de las voluntarias de uno de los comedores comunitarios que apoya Save the Children como espacio protector para la niñez.

“Comencé en este proyecto del comedor comunitario siendo madre voluntaria, presté mi casa durante un año mientras encontraban un lugar más apto. Empezamos en el nuevo comedor en febrero con 68 niños de este barrio, los que tratamos con amor y paciencia”, comenta ilusionada.

El proceso para que un niño pueda hacer parte del comedor comunitario es sencillo. La familia tiene que solicitar el cupo. Si lo hay, se requiere una documentación básica, luego se llena una ficha y el niño o niña pueden empezar a participar en los talleres y el comedor comunitario. Así mismo, nos cuenta como se ha tenido que organizar el comedor para dar abasto a tantos niños, ya que el espacio es muy pequeño.

Todo está calculado al milímetro para que ningún niño se quede sin su almuerzo: “Tenemos dos jornadas, la primera de 11 a 12pm; y otra de 12 a 1pm.” Además, sobre los problemas y riesgos que tienen los niños en este barrio menciona que “hay muchos que se quedan muy solos y las mamás no los cuidan”.

Además, añade: “hay muchos jóvenes ya metidos en el vicio y nosotras como madres voluntarias del comedor lo que menos queremos es que los chicos cojan malos caminos porque los esperan cosas malas si hacen esas cosas”, explica. Save the Children va a empezar también a realizar unas sesiones para enseñar a los niños a usar instrumentos musicales.

María es voluntaria pero es consciente del espíritu desinteresado de este trabajo: “Nosotras las madres voluntarias no pedimos nada a cambio y nos conformamos con tan solo una sonrisa, queremos que crezcan bien y que tengan proyectos de vida buenos.”

Desde Save the Children también estamos apoyando su proceso de la creación de una unidad de negocio. “Me imagino una cooperativa entre nosotras con mucho espacio para todos los niños y niñas; ese es mi sueño y sé que se va a hacer realidad, va por buenos caminos, pero toca con paciencia, los asesores son buenos y todo está muy bien organizado”, concluye.

  *Los nombres fueron sustituidos para preservar su identidad.

Puedes cambiar la vida de un niño o niña

Suscríbete a nuestro boletín