Una dieta a base de pan, yuca y suero hizo que Arnaldo migrara

Miércoles 6 Noviembre 2019

Próximo a cumplir los 75 años, Arnaldo hizo su tránsito de Lagunillas (Venezuela) a Maracaibo durante una hora y de ahí a Maicao (Colombia). Dedicado toda su vida a la industria petrolera y a la política, oficios que no lo salvaron de la crisis económica que afronta su país y que lo obligó a migrar al quedarse sin empleo.

Su temor más grande tras la crisis es que una enfermedad no se adueñara de su cuerpo debido a su edad, en ese caminar a Colombia. Migró con su esposa, con quien suma 51 años de casado, y sus nietos.

Con venta de tinto, y el apoyo de los proyectos de Save the Children, Arnaldo sobrevive con su familia y con el deseo latente de retornar a en algún momento, espera él sea en el 2020, a su país.

La historia de Arnaldo en sus propias palabras

“Antes de la crisis, mi vida consistía en trabajar con la industria petrolera, fui supervisor. Pero, cuando cayó el paro quedamos prácticamente desempleados, pero no solo era eso sino que todos los saberes que yo había aprendido de la industria lo fui invirtiendo en una finca ganadera que fue expropiada por los círculos bolivarianos y me dejaron sin nada. Hasta que decidí que la crisis no me podía dejar ahí, tomé otro camino, el temor mío era que con la edad que tengo me fuera a dar una enfermedad, gracias a Dios me he mantenido y sigo firme”, así inicia su relato Arnaldo.

51 años de casado lleva Arnaldo con su esposa, quien a sus 77 años, lo siguió en la migración acompañándolo, en las buenas y en las malas. “Me vine con mi familia. Mi esposa no dudó en acompañarme y traernos a los nietos, uno de 12 y otro de 6 años. Con mi esposa ya no nos queremos como esposos sino como si fuera mi mamá, después de que mis padres murieran quedamos los dos solos pero juntos y así hemos aguantado la crisis”, agrega.

Una dieta a base de pan, yuca y suero hizo que Arnaldo decidiera buscar otros caminos debido al agobio que generaba la dificultad de adquirir la comida. “A pesar de todos los males que se pasan en el camino cuando uno viene para acá me pude aguantar. Tenía un amigo acá que me llevó a donde vivía, ahí pagué arriendo unos pocos días. Luego me fui a dormir a la calle pidiendo ayuda, ya al menos no hago eso y tengo forma de mantenerme con mis propios recursos, gracias a ustedes que han aportado con gran cariño”.

En Venezuela, Arnaldo dejó su casa, familia y hermanos. Cambiando así su rutina de ir a la industria petrolera a levantarse a las 5 de la mañana para hacer la recarga de tinto y pan y así venderlo por las calles de Maicao. “Paso toda la mañana en la esquina del refugio vendiendo. Almorzamos aquí mismo y en la tarde también sale mucha gente como hasta las 7 u 8 de la noche sigo trabajando. Después de eso recogó y me voy a dormir en el parqueadero. En estos momentos estoy solo acá. Duermo en una hamaca y cuando ellos vienen tendemos unas colchonetas”, cuenta.

Sobre su participación en los proyectos de Save the Children, Arnaldo reconoce que se ha visto beneficiado con la entrega de agua y la tarjeta de Cash con la que pudo adquirir su carro de tinto y “chucherias” para vender en el día a día y así conseguir su sustento.

“Con las ayudas de Save the Children he adquirido la caba de enfriamiento de agua, el carrito, las mercancias son muy caras, pero ustedes me han ayudado mucho. Sinceramente sé que esa crisis no va a ser resuelta de inmediato, eso va a llevar tiempo y entiendo la política. Soy político y por eso caí en estos errores. Quisiera volver a mi país y lo añoro, pero mientras tanto tengo que aguantarme aquí porque esa crisis económica es grave”, agrega Arnaldo.

A futuro, este hombre buscará extender su venta de agua a través de otros carritos y así mismo contribuir a dar empleo a sus connacionales. “Aquí unos se cuidan con otros. Espero que la crisis se acabe el otro año y pueda volver a mi país, eso tiene que darse, no puede ser duradero. Esa represión se ha mantenido es a punta de fusil, pero esos fusiles se van a voltear a la final”, concluye.

Contexto e Información del proyecto

Maicao es un municipio colombiano ubicado en el centro-este del departamento de La Guajira, debido a su punto estratégico por muchos años ha sido un puente entre Venezuela y Colombia, y una puerta hacia el intercambio comercial y cultural.

Es conocida con el apelativo “Vitrina Comercial de Colombia” a razón de la prosperidad económica que experimentó en la década de 1980, al establecer un amplio mercado abastecido por productos importados de Venezuela. También de poseer una diversidad demográfica constituida por habitantes de los pueblos indígenas Wayuú y Zenú; y además de aglutinar una gran colonia de musulmanes procedentes de Oriente Medio, en su mayoría libaneses.

Sin embargo, desde 2010, empezó la migración más fuerte desde la crisis en el vecino país. Según el estudio de Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento/Banco Mundial, Migración desde Venezuela a Colombia: impactos y estrategia de respuesta en el corto y mediano plazo, Colombia enfrenta un movimiento migratorio sin precedentes, motivado principalmente por la crisis económica, política y social que atraviesa Venezuela. Históricamente, Colombia ha sido un país con altos niveles de emigración, siendo Venezuela uno de los principales destinos migratorios de colombianos.

Aproximadamente 1.235.593 personas con intención de permanencia han ingresado a Colombia desde Venezuela, incluyendo colombianos retornados y migrantes regulares e irregulares, además de número importante de migrantes pendulares y en tránsito hacia otros países. Se estima que para septiembre de 2018 habrían retornado más de 300 mil colombianos desde Venezuela, unos 468.428 venezolanos estarían con un estatus migratorio regular en el país, mientras que 361.399 estarían en proceso de regularizar su estadía.

Desde Save the Children Colombia, contamos con la atención a emergencia en la gestión de casos que busca brindar una atención individual en prevención y atención a riesgos psicosociales y riesgos de desprotección para niños y niñas que están en condición de migrantes desde febrero de 2019 con enfoques en salud, violencia, abuso físico, verbal y emocional.

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