"Yo quiero que mis alumnos tengan buenos recuerdos de su infancia y no lo que les dejó la avalancha"

Sábado 8 Abril 2017

Eugenia es una mujer indígena de 37 años. Ella es abogada y docente de primaria en el Centro Educativo Comensá, que queda justo en la ladera del río y se destruyó por lo menos en un 80%. Ella busca incasablemente a siete de sus 56 estudiantes y ya dio por perdida a una de sus mejores estudiantes, puesto que murió durante la emergencia en Mocoa.

Esta mujer fuerte y entregada menciona que no se irá porque siempre sale huyendo de las dificultades y con lágrimas en sus ojos cuenta que “esta vez me voy a quedar”. Quiere seguir ayudando a sus estudiantes y poder darles un retorno a clases porque considera que es la forma en la que pueden regresar a la normalidad.

“Soy docente de ciencias naturales y hace poco en el día del agua, yo decía a mis estudiantes lo importante de los árboles para el río, porque son los que detienen con sus raíces la fuerza con la que baja el agua de las montañas”.

Eugenia no había podido llorar desde el día de la tragedia y nos cuenta que solo en el momento de la entrevista se siente con la libertad de hacerlo, porque sabe que puede ser débil, con sus hijos y alumnos se muestra fuerte y con entereza se enfrenta al dolor y la desolación propia de la situación.

“Esa noche yo estaba durmiendo y ya eran como las once de la noche, nadie sospechaba que fuera a llover porque durante el día hizo un sol hermoso y calentó mucho. Lo primero que escuchamos fue la fuerza con la que caían las piedras, se escuchaba como si estuvieran descargando un camión con escombros, pero en la sala de la casa. Levanté a mis hijos y les dije tenemos que estar listos ¡vámonos! Salimos corriendo, yo no sé por qué, hacia el centro porque yo vivo en una parte alta y pensé que se iba a caer la montaña. Nos devolvimos porque nos dimos cuenta de lo que pasaba y pensamos que era mejor regresar a la casa. Ese día no pudimos dormir, yo estaba muy asustada así que dormimos todos en la misma cama con la ropa puesta y con la mochila lista para correr en caso de que se nos viniera la montaña abajo”.

Durante la noche, ella llamó al vigilante del colegio y le preguntó si estaba bien, el vigilante le contó que el agua ya estaba dentro del colegio, así que decidió salir. Gracias a esta decisión, el señor pudo salvar su vida, puesto que el colegio quedó destruido y encontraron dos muertos en el espacio destinado para comedor de los alumnos del colegio.

“Yo lo único que le dije fue, corra, porque se lo lleva el agua ¡Gracias a Dios, él alcanzó a salir! La señora que nos ayuda en el comedor también perdió todo porque ella vive al lado del colegio y su casa se la llevó el río”.

Fuimos a visitar el colegio y cuando estábamos llegando, ella se pone muy nerviosa y se toca las manos y la cara, dice que siente mareo y que por favor bajemos las ventanas.

“Mire, esto le va a gustar, es mi cuadro de honor, este era mi salón, a esos estudiantes los sigo buscando y a ella ya la perdí, ya me dijeron que se me fue con la avalancha. 

De acá pudimos recuperar algunas cosas, pero es muy importante que nos ayuden con kits escolares, necesitamos poder recuperar los salones. Acá ya no se podrá construir nada porque estamos en medio de la emergencia y seguramente ya no van a dar licencias de construcción, y yo les doy la razón, ¿quién va a querer vivir acá después de lo que pasó?”.

Eugenia nos muestra su salón de clases y se muestra muy conmovida contándonos que ha buscado a todos sus estudiantes con lista en mano y que aún no encuentra a siete de ellos, ella, sin embargo, está decidida a encontrarlos.

“Yo quisiera darles a mis estudiantes la posibilidad de regresar a la escuela, de hecho, cuando vi su camiseta (de Save the Children), me acordé de cuando era niña, porque si ella pagaba el colegio no podía darnos útiles y yo usé por muchos años, cuadernos de ustedes, con su logo y así rojos. Yo quiero que mis niños tengan esos buenos recuerdos y no los de la avalancha que se llevó a su familia y amigos”.

Muchos de los mocoanos están migrando a lugares más seguros, sin embargo, la profesora insiste en quedarse.

“Yo tengo cuatro hijos, tres de ellos, estaban conmigo el día de la emergencia. A la menor me tocó dejar que el papá se la llevara, pero es que, ¿qué más podía hacer si ella acá no está segura? Me dolió mucho dejarla ir, pero era necesario. Mi hijo mayor y yo nos vamos a quedar ayudando acá todo lo que más podamos porque por lo menos a mí, mis alumnos me necesitan y yo necesito de ellos. Además, porque yo siempre le he huido a los problemas, a las dificultades y este es el momento de enfrentar lo que se venga y ayudar, he sacado lo mejor de mí, toda mi fortaleza se la he entregado a mis amigos, compañeros de trabajo y vecinos ¡Yo no me puedo derrumbar!”

Escuela afectada por avalancha

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