Yuraima y su familia

Jueves 25 Abril 2019

Yuraima, su esposo y sus ocho hijos viven actualmente en la polvorienta ciudad fronteriza de Maicao, en el departamento de La Guajira, en el norte de Colombia. Ellos están entre los miles de venezolanos en Maicao que han sido expulsados de sus hogares en Venezuela por el hambre, la pobreza extrema y la violencia, dejando todo atrás en busca de una vida mejor.

Yuraima y su familia han estado viviendo en uno de los muchos asentamientos informales de Maicao durante casi seis meses. Su esposo -que una vez tuvo una exitosa carrera en la construcción- no podía ganar suficiente dinero para alimentar a su familia o enviar a sus hijos a la escuela en Venezuela. Después de años de lucha para llegar a fin de mes, la familia decidió finalmente mudarse a Colombia.

Yuraima dice que las cosas están mejor aquí en Colombia. Su marido puede encontrar trabajo, sus hijos ya no tienen hambre, y todos menos el más pequeño -que sólo tiene 2 años- están estudiando. La vida en el asentamiento informal no está exenta de problemas: no hay agua corriente ni electricidad, ni retretes, y la familia de 10 miembros debe compartir una sola habitación super poblada en una choza hecha de madera de desecho y láminas de plástico. Aún así, ella dice que es mucho mejor que el hambre, la pobreza y otras penurias que sufrieron en casa en Venezuela.

"Mi nombre es Yuraima, tengo 36 años y soy de Venezuela. Mi esposo y yo tenemos ocho hijos, con edades que van desde los dos hasta los 18 años.

El poco dinero que ganábamos ni siquiera era suficiente para poner comida en la mesa, o para pagar las cuotas escolares de nuestros hijos. Tenemos ocho hijos, así que es caro. Mi hijo menor todavía es demasiado pequeño para ir a la escuela, pero a los demás no les podíamos pagar sus cuotas escolares ni comprarles suministros. No podíamos pagar nada. Así que mi esposo vino aquí a Maicao para tratar de encontrar trabajo en julio del año pasado. Unas semanas más tarde vine con nuestros hijos, cuando él se sintió un poco más estable.

Aquí vivimos bien, mejor que en Venezuela. Mi marido pudo encontrar trabajo, así que podemos comprar comida. Mis hijos están estudiando, y aquí podemos comprarles útiles escolares. Mi hija mayor -Marcela*, de 18 años- sueña con obtener su título algún día. Mi familia tiene oportunidades y esperanzas para nuestro futuro aquí. Vivir aquí no está exento de desafíos, pero hay que tener esperanza y trabajar para superar los desafíos en esta vida, ¿Volveremos a Venezuela? Si la situación mejora... si Dios lo permite, entonces sí. Pero por ahora, no tenemos otra opción que quedarnos aquí."

Nuestra respuesta

Save the Children está respondiendo a la crisis en dos regiones a lo largo de la frontera entre Colombia y Venezuela: La Guajira y Arauca. Estamos administrando Espacios Adaptados a la Niñez -tanto estáticos como móviles- para brindar a los niños y niñas oportunidades de acceder a apoyo psicosocial, así como de jugar, aprender y simplemente volver a ser niños y niñas. Además, estamos llevando a cabo actividades de aprendizaje móviles, creando espacios de aprendizaje temporales y distribuyendo kits escolares para ayudar a garantizar que los niños y niñas no pierdan oportunidades de aprendizaje durante la crisis. También estamos capacitando a los maestros y proporcionándoles apoyo psicosocial para que puedan ayudar a los niños y niñas más vulnerables.

Save the Children está proporcionando asistencia en efectivo multipropósito a familias vulnerables -muchas de las cuales llegaron a Colombia sin nada más que la ropa que llevaban puesta- para ayudarles a pagar lo esencial, como alimentos, ropa y artículos domésticos básicos. También estamos distribuyendo filtros de agua y botiquines de higiene que contienen artículos esenciales que ayudan a mantener a los niños limpios y saludables, y estamos estableciendo una clínica de salud sexual y reproductiva que se espera brinde servicios esenciales a las personas más vulnerables, incluidas las mujeres embarazadas y las madres recientes.

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